Juventud

ROSARIO

La cultura de criminalizar a la juventud

El sábado 9 la policía provincial desató una represión mientras se desenvolvía una competencia de Freestyle en el Patio de la Madera, golpeando menores y llevándose detenidos a tres de ellos. La criminalización a los jóvenes avanza como discurso y hechos de parte de los gobiernos: ¿Cuáles son las opciones para la juventud en nuestra ciudad?

Lucio Prieto

Estudiante de Psicología, Universidad Nacional de Rosario

Martes 19 de enero | 20:46

En el último tiempo escuchamos a funcionarios del gobierno nacional, partiendo de Alberto Fernandez, y de los distintos gobiernos provinciales hablar una y otra vez sobre la responsabilidad individual de la ciudadanía en el crecimiento de los contagios y responsabilizando sobre todo a la juventud de ser quienes no se cuidan frente a la pandemia y el virus, de no proteger a nuestros abuelos.

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Durante la primera ola vivimos las carencias del sistema de salud, donde se desperdició tiempo valioso con una prolongada cuarentena que podía usarse para prepararlo, además tampoco fue una política de Estado testear masivamente para detectar el virus y limitar su propagación, reduciendo los contagios. Ahora estaríamos entrando en la segunda ola, tras un ajuste al presupuesto 2021 en materia de salud, no contemplando la pandemia. Y si bien comenzó la vacunación, está muy lejos de tener la masividad necesaria. Eso sí, ese “dedito acusador” hacia los jóvenes sigue diariamente

Esa misma juventud, que le puso el cuerpo a la pandemia y se sostiene con trabajos precarizados muchas veces llamados esenciales, como en la salud, con los repartos de comida y medicamentos, en los call centers, son los mismos jóvenes que sufren en carne propia cuando esos discursos pasan de los dichos a los hechos con el accionar de las fuerzas represivas. Durante el 2020 hubo 411 casos de gatillo fácil registrados por la CORREPI. Este se dio con las fuerzas represivas envalentonadas desde arriba, con casos emblemáticos como Facundo Astudillo Castro en PBA y Daniel Ruiz en Tucumán.

Aunque no se llegue a tal brutalidad, ese discurso lo sufren los pibes de los barrios populares o simplemente como vimos con el festival de Freestyle hostigando, criminalizando y golpeando a menores de edad por organizar el evento al aire libre, aún cuando los organizadores afirman que la competencia tenía la habilitación correspondiente y en ella se respetaban las medidas sanitarias adecuadas. Está claro que el problema no iba por ahí.

¿ROSARIO=CULTURA?

Si uno recorre Rosario o prende la tele puede encontrarse con publicidades que hablan de la juventud y la cultura, fue una gran bandera que intentaron levantar los gobiernos socialistas y ahora Javkin, pero veamos cuánto se acerca ese slogan a la realidad.

En la última década el gobierno socialista, con Lifschitz y Mónica Fein al principio, y con Javkin ahora, se encargó de cerrar muchos espacios culturales autogestivos, en los cuales la juventud podía distenderse. Como contracara de esto se propagaron y desarrollaron los espacios privados como política de estado dándoles facilidades y concesiones a empresarios de la noche de manejar bares y boliches a gusto, que gracias a la complicidad policial genera una situación con trágicas consecuencias como son los casos de Carlos Bocacha Orellano y Franco Casco.

Hoy lo vemos también con la reapertura del anfiteatro pos pandemia, el cual se le “facilitó” a un empresario para que impulsara un show, mientras las decenas de espacios públicos existentes siguen en su mayoría cerrados. Esto tiene su contraparte también en la situación de los trabajadores de la cultura, cuya situación se vio dificultada por la pandemia, pero que cada vez tienen menos espacios donde realizar su trabajo, y el encargado de precarizarlos es el mismo estado.

En el marco de una vida precarizada y austera los jóvenes buscamos otras formas de acceso a la cultura y a la dispersión, organizamos nuestros propios eventos porque salir de trabajar y querer distenderse o divertirse un rato con tus amigos, implica dejar medio sueldo en manos de estos empresarios que lucran con el estado.
Por eso molesta y se reprime, que un grupo de jóvenes organice un festival y queda claro que no por la supuesta falta de protocolos, sino porque está por fuera del mercado cultural que sostienen los diferentes gobiernos.

Y ENTONCES.. ¿QUÉ FUTURO NOS QUEDA?

La pandemia vino a profundizar lo que ya existía: según la revista Bloomberg los 500 más ricos del mundo aumentaron su riqueza 1,8 billones de dólares este año, mientras los trabajadores sufren cada vez más penurias y se hunden en la miseria. En nuestro país esto fue acompañado por las medidas tomadas por el gobierno de Alberto Fernandez y Cristina Kirchner, mientras se le dan beneficios impositivos al campo y a las mineras, ejemplos de esto son los ATP que las empresas utilizaron a discreción mientras muchas violaban el decreto antidespidos se retrocede con Vicentin, se arregla con los acreedores el pago de la deuda externa pero a los 9 millones que peor la pasaron en esta pandemia y sufrieron despidos se les saca el IFE.

Este dato no es frío, sino que significa que montones de pibes entren en una situación crítica. Muchos de quienes podían estudiar fueron empujados a dejar de hacerlo, muchos otros tienen que hacer malabares para poder sostenerse junto a su familia día a día.

CUANDO NOS JUNTAMOS EL HORIZONTE PUEDE SER OTRO

Cualquier joven que recorra los call centers, que se pare a ver pasar los repartidores de Rappi o Pedidos ya, que dé un paseo por alguna zona de restoranes, o que vaya a algún supermercado seguro se encuentra a algún amigo trabajando… Esta es la realidad de la juventud, obligada a trabajar en su gran mayoría de forma precarizada, en lugares que no se reconocen sus derechos laborales, donde no hay licencias, vacaciones, aportes jubilatorios, obra social y donde todos los días sabes que mañana te pueden echar y tenes que buscar otro trabajo, que seguramente sea peor que este, porque los empresarios siempre se encargan de dar menos derechos. Ni que hablar del derecho al ocio y al esparcimiento.

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Pero la juventud no va a aguantarse todo lo que quieran hacerle los empresarios y los gobiernos de todos los colores. Y eso muestra el ejemplo de los trabajadores del call center Hey Latam. Donde ante un fraudulento intento de despedir trabajadores y quitarle todos los derechos a los pocos que queden, los trabajadores se organizaron y se plantaron, hicieron decenas de asambleas para decidir, acampan en la puerta del call Center hace más de 40 días, fundaron una asamblea intercall centers e incluso organizan sus propios festivales donde artistas se solidarizan con ellos y en una situación complicada, los trabajadores tejen alianzas con otros jóvenes precarizadxs, estudiantes, docentes para distenderse. Hoy más que nunca se vuelven imprescindibles esos lazos desde abajo para unir las demandas de la juventud, dónde pelear por tener un trabajo con derechos, tierra para vivir como las familias de Magaldi y el acceso al arte y la cultura no son cosas escindidas sino parte de pelear por un futuro diferente al que empresarios y gobiernos nos quieren acostumbrar.







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