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FÚTBOL DEL ASCENSO

Garrafa Sánchez, un crack que se ganó la admiración de miles más allá de los colores

A 15 años de su fallecimiento recordamos a un loco lindo y crack del fútbol. Garrafa, un rebelde que cada vez que entraba a la cancha representaba a los miles de pibes que despuntan el vicio en un potrero.

Sábado 9 de enero | 13:54

José Luis Sánchez, más conocido como Garrafa Sánchez por el oficio del padre quien había sido vendedor de garrafas, fue un jugador del fútbol profesional de Argentina. Nació el 26 de mayo de 1974 en Buenos Aires.
Los vecinos de Tablada, lugar donde nació, aún no pueden olvidar las gambetas de aquel zurdito en el potrero. El joven creció trabajando y en sus ratos libres aprovechaba para jugar al fútbol.
Jugó en diversos clubes de las divisiones de ascenso en la Argentina, así como también en la Primera División de Argentina y en el fútbol uruguayo.

A los 15 ingresó en las inferiores de Deportivo Laferrere, el club de sus amores. Jugaba de nueve pero a menudo salía del área. A los pocos meses sufrió una grave lesión en la rodilla que lo obligó a estar ocho meses parado. Volvió sin la velocidad de antes, pero el talento aún le sobraba. Mientras tanto, seguía yendo a jugar campeonatos de penales por plata. Allí se volvió un especialista desde los doce pasos. Una vez sorprendió a todos tras pararse de zurda y pegarle de derecha. Ese era “Garrafa”, un rebelde que jugaba al fútbol para divertirse y cada vez que entraba a la cancha representaba a los miles de pibes que despuntan el vicio en un potrero.

Plantel de Banfield

Pero sus pasos más conocidos lo hizo en El Porvenir donde fue campeón en la temporada 97/98 y en Banfield. Cuando se fijaron en él, el entrenador Ricardo Calabria, después de enfrentarlo en varias oportunidades, le había avisado a los dirigentes: “Traigan a éste y salimos campeones”. Y ocurrió.
En esa localidad se consagró campeón y ascendió con el Taladro a primera división, luego de un partido memorable en el que vencieran a Quilmes por 4 a 2. Y así volvía al fútbol grande después de cuatro años.

Muchísimos compañeros, amigos familiares podrían contar miles de locuras y anécdotas de este loco lindo. Todos coinciden y destacan su sencillez, humildad solidaridad y su humor.
Para el que no lo conoció despierta curiosidad y admiración al igual que para el que si tuvo la suerte y lo cuenta orgulloso. Como un amigo de mi barrio hincha de Almirante Brown, el club enemigo del club del que era fanático Garrafa, Deportivo Laferrere.
Cuenta: "vino con su representante a la inmobiliaria y cerrando unos papeles, hablábamos de fútbol como no podía ser de otra manera. Y él dice "soy de Almirante" y comienza una chicaneada bien de barrio. Que ustedes esto y aquello risas de por medio y cargadas. Mientras esto pasaba, me puse a cerrar el local y me dijo: -¿Vos vas para Casanova? Yo te puedo dejar cerca. En el camino, Garrafa continuaba haciéndome chistes con respecto a mi club y le dije "vos cargame pero yo te tengo de remisero". El loco reaccionó, me miró serio y frenó su Mercedez Benz en Richieri y Gral Paz y me dijo que me bajara insistentemente, parecía enojado. A los segundos reconoció que era un chiste: "mentira vamos amargo que te llevo".

El mismo loco que en un amistoso bailo a la selección de Pasarella con todas sus figuras. En esa oportunidad el Cholo Simeone se preguntaba "de dónde lo sacaron a este". El muñeco Gallardo respondió más sorprendido todavía: "¿en serio, quién es ese viejo?" aludiendo a su fachada de hombre grande pero que por dentro era un pibe bien de barrio que se divertía con la redonda.
A veces deberíamos de pensar cuanto cuida el futbol profesional a sus jugadores. Si la profesionalidad es la vía para estos crack de la vida, que se mete en los corazones de miles.

Una lesión de rodilla lo deja medio fuera de carrera y a los 31 años decidió regresar al club de sus amores, Laferrere. Allí jugó hasta su fatídico accidente cuatro años más tarde. “Amo la moto, siempre me gustó la velocidad”, admitía en una entrevista. Falleció el 8 de enero del 2006.

Por su juego con los terribles timbo que tenía y su personalidad, quedó en la memoria de miles de hinchas. Como hincha de Almirante Brown, pese a ribal futbolero de Deportivo Laferrere, si pudiera les daría las gracias al Garrafa. Por esa alegría que supo transmitir en la mejor versión de pibe barrio y potrero dentro y fuera de una cancha.







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